lunes, mayo 20, 2013

Bogotá: Jornadas por una América Latina Libre de Transgénicos

Al inicio de las jornadas, en la Universidad Nacional de Colombia se lanzará el libro "Ecología Política de la Bioseguridad", en el que participé junto a Elizabeth Bravo, Catalina Toro y Diana Murcia, con un capítulo que relata cómo ganamos el derecho a saber la ubicación de los cultivos transgénicos en el país, doblándole la mano al gobierno y las empresas productoras de transgénicos y plaguicidas.
El encuentro es convocado por la RALLT, junto a la Universidad Nacional de Colombia y el Grupo Semillas.
En la jornada se pasará revista a la situación actual de América Latina en cuanto a esta problemática, con expositores de la calidad del académico argentino Andrés Carrasco y las investigadoras ELizabeth Bravo y Silvia Ribeiro, entre otros. También expondrán Fabián Pacheco, de Costa Rica, y María Godoy, sobre la lucha de las madres del barrio Ituzaingó Anexo en Córdoba.  La jornada incluirá un seminario (lunes 27), sobre nuevas tecnologías a cargo del grupo ETC.

domingo, mayo 19, 2013

La semilla certificada de Monsanto que arruinó a un agricultor


Atrás, las variedades de melón Braco, verde oscuro, en primer plano (adelante) un melón calameño.
  (publicada en El Ciudadano)
por Lucía Sepúlveda
Una semilla híbrida de un tipo de melón comprada por un agricultor sería la ruina de su vida. Producida por Seminis/Monsanto, la cosecha fue un desastre. “Lo que ocurre hoy es que los campesinos hemos perdido nuestras semillas originales y estamos obligados a comprarle a Monsanto”- sostiene. A la par el Estado, a través de Indap y Prodesal amarra las semillas a plaguicidas.
Expectación existe entre los agricultores de la Asociación Gremial BioBio Orgánico  por el fallo que debe dictar la Corte de Apelaciones de Chillán en la demanda interpuesta por el socio de esa entidad gremial, José Riquelme, contra la transnacional Monsanto.  Riquelme compró semilla híbrida de un tipo de melón llamado Braco para hacer el negocio de su vida: exportar a Francia. Pero se arruinó porque le pasaron gato por liebre: de las 50 mil semillas compradas, la inmensa mayoría era de variedades no exportables.
“He recibido llamados solidarios desde distintas regiones desde que se conoció mi demanda, y me alegra porque yo quiero que todos los campesinos chilenos sepan que no pueden confiar en Monsanto. Esta empresa en el juicio desconoce su responsabilidad porque yo no le compré directamente a ellos sino a su distribuidora. ¡Eso es absurdo! Todos los agricultores que compran semilla ‘mejorada’ o certificada lo hacen a distribuidoras, confiando en la marca de esas semillas, que en este caso es de Seminis/Monsanto”, comenta José Riquelme.
No resulta sorprendente el fallo de primera instancia  a favor de Monsanto, dada la existencia  del poderoso lobby a favor de ChileBio, que preside esa transnacional. La entidad empresarial agrupa a los productores de semillas y agroquímicos en el país. Andrés Allamand, Longueira y otros políticos  presionan a nivel de parlamento y gobierno para apoyar leyes que favorecen a estas empresas, tales como el proyecto de ley de introducción de transgénicos o el proyecto que deroga la actual Ley de Semillas y que posibilitaría la promulgación del convenio UPOV 91 sobre patentes de semillas híbridas y transgénicas. ChileBio además busca influir en políticas públicas relacionadas con la ciencia, a través de sus convenios con universidades y científicos locales.
¿Por qué demandó usted a Monsanto?
- Para dejar constancia que hoy miles de agricultores no tienen seguridad de lo que están sembrando y pueden tener graves problemas si compran semillas de hortaliza o fruta de Seminis/Monsanto. En esta temporada, le  ocurrió algo así a un productor de  Coihueco, que sembró zanahorias de la variedad Abaco  y crecieron otras variedades diferentes.
Según el presidente de la Asociación Gremial BioBio Orgánico, Guillermo Riveros, se trata de una “conducta reiterada de esta empresa. Y Monsanto  apenas resarce el costo de la semilla. Todos los agricultores deberían tener la certeza de que lo que están comprando corresponde a lo que necesitan. Si esto le pasara a Monsanto con un agricultor  de un país del norte global, el trato sería otro. Nos están dando un trato de país tercermundista. Los controles de calidad en este caso no los aplican, no les importa. Yo vi el fruto  de esa semilla que plantó Riquelme y era muy diferente al Braco. Lo ocurrido es un llamado a que los agricultores defiendan sus derechos si les pasa algo similar”.
José Riquelme
Riquelme, coincide: “Si los afectados son pequeños agricultores, apenas les devuelven lo que pagaron por semilla. Pero si son empresas grandes que pueden ir a juicio, asumen otra actitud y pagan también por el daño”.
LA BATALLA LEGAL CONTRA MONSANTO
La demanda de José Riquelme fue interpuesta en 2009 contra  la transnacional semillera y la firma comercial Mahuida Ñuble, distribuidora local de semillas Seminis/Monsanto. En octubre de 2004, José Riquelme invirtió tres millones de pesos en las semillas de la variedad híbrida de melón Braco. Perdió en primera instancia su batalla legal para recuperar su patrimonio y su reputación.
En enero de 2013 la jueza Claudia Arenas,del Segundo Juzgado de Letras de  Chillán, salvó a Monsanto “por improcedencia de la acción de la manera que se planteó”, según la sentencia. En la causa rol C-148-2009 eximió a Riquelme  del pago de las costas reconociendo que tenía razones de sobra para demandar a la transnacional
En el juicio declararon como testigos los agricultores Fernando Toro R, José Arnoldo Ferrada y  Guillermo Riveros. Todos coincidieron en señalar que los melones producidos y vistos por ellos en el predio, no correspondían a la variedad Braco y habían sido comprados en la comercial Mahuida, distribuidora oficial de Seminis/Monsanto.
UNA JUEZA PRO MONSANTO
Mahuida Ñuble, la distribuidora que vendió la semilla de mala calidad,  representada por Rodrigo Quezada Valdebenito, nunca compareció como demandada. La sentencia afirma: “la causa se tramitó en rebeldía de la demandada Sociedad Comercial Insumos y Productos Agropecuarios Mahuida Ltda.”. Pero la jueza Arenas nada hizo al respecto. Para Guillermo Riveros “la empresa Mahuida  debería haberse sumado a la demanda de José Riquelme. Su no comparecencia indica duda sobre su rol, o bien que hay pagos que les están haciendo para que no hable”.
Por su parte, Riquelme considera insólito que Monsanto, que en enero de 2005 adquirió Semillas Seminis, haya sostenido en la corte que no es parte del contrato firmado por Riquelme con esa distribuidora de su semilla, y  desconocido su vínculo con Mahuida. Porque Monsanto Chile es la continuadora legal – tiene el mismo rut- de la empresa Semillas Seminis. “Si yo le compro un vehículo Chevrolet a una distribuidora, el fabricante es el que responde por las fallas, en este caso tiene que ser igual”, sostiene Riquelme.
Rubén Albornoz, gerente regional de Seminis/Monsanto sostiene en sus manos dos mitades de melón. La verde oscura es Braco.

Desde 2005, Monsanto/Seminis sacó de su catálogo la variedad Braco. Reconoció de forma implícita que el híbrido llamado Braco no era homogéneo y estable, requisitos  que son necesarios para registrar (patentar) una variedad frutal según los convenios internacionales, y así poder cobrar por la semilla certificada y registrada, la millonaria suma.
Hay muchos ejemplos a nivel global de las consecuencias que para pequeños agricultores ha tenido estar cerca de Monsanto, que los lleva a juicio por producir sin pagarle royalties por sus semillas transgénicas. Aunque los  cultivos transgénicos de Monsanto son los responsables de contaminar los cultivos convencionales, convirtiéndolos en transgénicos, como la semilla transgénica está patentada, en los países europeos y de América del Norte, regidos por el Convenio UPOV 91, Monsanto puede demandar por no pago del derecho de royalty.
PAGO DE PATENTES Y USO DE HERBICIDAS
Hasta el año 2007, esta transnacional había entablado demandas por no pago de patentes contra 57 agricultores  por un monto total de US$21.583,431, según datos del Center for Food Safety de Estados Unidos. Este año la Corte Suprema de Estados Unidos acaba de fallar a favor de Monsanto en una causa similar.
Los monocultivos de maíz y soya transgénicos, con uso intensivo de herbicidas venenosos como el Roundup, contaminan la tierra y el agua, causan malformaciones congénitas y enfermedades crónicas a las familias que viven cerca de las plantaciones. Así van imponiendo un tipo de agricultura tecnificada sin agricultores, obligados a emigrar.
El Tribunal de los Pueblos enjuició y condenó a Monsanto y otras transnacionales productoras de plaguicidas y semillas, por violaciones a los derechos humanos de los campesinos y campesinas, en un juicio llevado adelante en India en 2012, con testigos de cargo de Asia y América Latina Sin embargo esta corporación, que controla el mercado global de semillas híbridas y transgénicas, se ha jactado este año de alcanzar las mayores ganancias de su historia.
EL CONTROL DE LA SEMILLA
El agricultor chillanejo José Riquelme reitera que “yo demandé  a Monsanto pensando en todos los agricultores. Lo que ocurre hoy es que los campesinos hemos perdido nuestras semillas originales y estamos obligados a comprarle a Monsanto (Seminis). Yo sé que si  siembro melón Cantalupo, que es una variedad de acá, nuestra, voy a cosechar melón cantalupo. En cambio si siembro un híbrido de Monsanto, no sé si la variedad va a ser la que dice el envase. La empresa no se responsabiliza por los resultados de las semillas que vende”.
Interrogamos al dirigente gremial de BioBio Orgánico para clarificar con qué tipo de semilla están produciendo hoy la pequeña agricultura campesina en Chile y el grado de dependencia que existe respecto de los proveedores. Riveros explica: “La mayoría de los productores de cultivos convencionales, antes guardaban su propia semilla. Pero hace ya décadas que el Estado, a través de Indap, y los Prodesal, los organismos que tienen como misión apoyar la agricultura familiar campesina, le indican al productor qué semilla tiene que comprar, dónde y a qué precio. Indap los subsidia pero los ‘amarra’ al paquete tecnológico, o sea a la semilla híbrida (“mejorada”), que  va acompañada de un plaguicida para el plan de manejo que el agricultor tiene que cumplir“.
¿Y cómo obtienen semilla los productores orgánicos y los agroecológicos?
- En el caso de los agricultores orgánicos, desconozco estadísticas. Hay un porcentaje alto que guarda la semilla, pero no estoy en condiciones de cuantificar. Los productores agroecológicos, que no tienen monocultivos, guardan e intercambian semillas; se hacen nexos entre regiones, y se mantiene así la semilla tradicional. No existe un recuento oficial de estas prácticas. En el caso de los productores orgánicos, la mayoría produce frutales por tanto no se les presenta habitualmente el problema de la semilla. En el caso de las hortalizas orgánicas, tienen que producir sus propias semillas o comprarlas con autorización de una empresa certificadora, que exige que sean orgánicas, es decir no pueden haber sido tratadas con fungicidas. Si un agricultor orgánico hubiera comprado una semilla desinfectada con sustancias químicas, eso se considera un retroceso y él entraría a una etapa de transición, vuelve al año cero y tiene que esperar 3 años para que la producción derivada de ese tipo de semilla pueda volver a ser certificada como orgánica.
¿Cuáles son los riesgos de este control de la semilla por una transnacional?
- El hecho de tener en una sola mano cerca del 93% de la semilla mundial hace que la alimentación humana en general pase a estar en peligro de dependencia. La alimentación debería ser asegurada para la totalidad de la población y no estar en manos de una transnacional que mañana puede manejar financieramente todo y ordenar qué tenemos que comer. Hay una falta de libertad y un riesgo para la salud derivado de ese control de los alimentos. Este es un problema global de los que vivimos en este planeta. Hay un manejo unilateral de los alimentos,  los sistemas productivos  y el futuro,  protegido por un sistema globalizado en que los países no tienen mucho que decir, ya que las decisiones las toman órganos como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
Después de su fracaso productivo con Monsanto, José Riquelme opina: “Lo mejor sería que el campesino tuviera y reprodujera su propia semilla. Así se gastaría menos y tendría mejor salud, no dependeríamos de las empresas ni de los fármacos. Para tener buena salud hay que tener sobre todo una alimentación sana. Necesitamos un gobierno que apoye una agricultura libre de químicos y transgénicos. Las prácticas de Monsanto ponen en peligro la seguridad alimentaria, ya que si en un año ellos vendieran semilla defectuosa de una misma hortaliza a todos los productores, habrá cero producción de ese alimento, habría que importarlo, y eso va a repercutir en el precio de esa hortaliza y finalmente en el bolsillo de los consumidores. Los chilenos que no puedan comprar ese producto por su precio, van a tener problemas nutricionales serios. La falta de zanahoria en la dieta, por ejemplo, tiene consecuencias en la salud de las personas, y lo mismo ocurre con otras verduras”.
EL  SAG Y LOS TRANSGÉNICOS
Guillermo Riveros tiene una preocupación adicional: “Quizás incluso si alguien compra a Seminis/Monsanto semillas híbridas de maíz, raps, soya, remolacha o zapallo, esas semillas podría venir contaminada con transgénicos de esos cultivos, sembrados para exportación de semilla en Chile. Y otra fuente de posible contaminación son las siembras experimentales de nuevos transgénicos de distintas especies que muchas veces no son informadas oportunamente. No sabemos en esta temporada qué se está sembrando, nos enteramos después, con los hechos consumados. Al enterarnos que a comienzos de mayo una partida de maíz exportada desde Chile a Alemania fue devuelta por estar contaminada con maíz transgénico de Monsanto, vemos que SAG deja mucho que desear. Al problema de calidad en el que se centra la demanda de nuestro asociado, se suma el riesgo de contaminación por transgénicos. SAG no está protegiendo la semilla convencional. No sabemos si esa falta de control es generalizada y si fuera así, los cultivos orgánicos, agroecológicos y convencionales de  maíz, soya, raps, remolacha, zapallo o cártamo, especies de las cuales ya hay cultivos transgénicos en Chile, así como los cultivos de los parientes silvestres de esas especies, podrían estar siendo contaminados por las variedades transgénicas mencionadas”.
¿Y cuál es la salida a este cuadro tan amenazador?
- Organizarse para levantar el tema de la soberanía alimentaria, del derecho que tenemos los pueblos y los y las ciudadan@s a decidir qué alimentos vamos a producir, y cómo lo vamos a producir, de acuerdo a nuestra cultura y necesidades.  Si no queremos que el mundo reviente, la soberanía alimentaria debe  ser un tema a discutir por los pueblos, desde las comunidades hasta las instituciones y entidades del Estado. Tiene que haber regulaciones adecuadas, hay que hacerle un párele a la desregulación y el Estado debe tener una voluntad de cambio, porque con la alimentación no se juega. El poder de la gente tiene que emerger desde la base para garantizar que nuestra semilla y nuestros alimentos se protejan de manera real sin importar las presiones que ejerzan Monsanto y las transnacionales”.
UN AGRICULTOR CON TRADICIÓN FAMILIAR
José Riquelme (52 años) es casado, y tiene una hija de nueve años, Florencia. Es el tercero de diez hermanos, y su padre era hortalicero. En la familia sembraban cebolla, maíz y remolacha. Cuatro años después de su fallido debut como exportador de melón Braco, está plantando cebollas cuyos plantines vende a otros productores quienes –lamenta- no son orgánicos. “El Estado debería comprar nuestra producción, asegurar que los niños de las escuelas abastecidas por JUNAEB y los hospitales, tengan alimentos sanos, tendríamos alimentos más saludables y habría en consecuencia menos problemas en salud pública,” opina.
Riquelme se convirtió a la agricultura orgánica en los años 90, después de ser hospitalizado por intoxicación aguda con el insecticida clorpirifos, que aplicaba a sus cultivos. Se capacitó en producción agroecológica y desde entonces ha participado en diversas giras tecnológicas a Holanda, Alemania y Cuba. El año 2004  vivió la experiencia de la Feria Orgánica de Tokio BioFach y su futuro como exportador de productos sanos, parecía asegurado.
DICOM Y UN PADRE ARRUINADO
Con su  hija Florencia recién nacida, el año 2004, después de la fallida cosecha José Riquelme se vio de pronto en el  registro de DICOM, con cheques protestados, e incapacitado de continuar trabajando como productor agrícola. Por eso en la demanda solicita indemnizaciones por daño emergente, lucro cesante y daño moral, por un total de $170 millones de pesos.
En años anteriores el agricultor  había exportado cebolla  y zapallo orgánicos. Se había comprometido a exportar 12 mil cajas de melones verdes Braco (piel de sapo) a Alroprim, una sociedad comercial de Perpignan, Francia. Pronto vio que la mayoría de los melones no eran Braco.
En marzo de 2005 Rubén Albornoz, gerente comercial regional de Seminis, y José Miguel González, genetista de esa empresa, visitaron la plantación ubicada en Las Coles, cerca de Chillán, a pedido de Riquelme, constatando lo ocurrido. El agricultor presentó como prueba al tribunal, el “acuerdo y finiquito” por 15 mil dólares presentado por Albornoz luego de la visita, que no fue firmado por el afectado por insuficiente. Seminis reconoció la oferta en un juicio criminal previo que se hizo en 2007 sólo para probar los hechos.
Además del gasto en las semillas, Riquelme había invertido en arriendo del predio y de un packing; en riego por goteo, mulch, guano rojo, control biológico de malezas y mano de obra. Un informe técnico cifra las pérdidas en 70 millones de pesos con 98% de falla de la variedad Braco. La empresa francesa le había notificado que la pérdida ocasionada por el no envío de los melones alcanzaba a 120 mil euros.
LECCIONES APRENDIDAS
“Chile debería ser orgánico 100%, y sacaría los mejores precios por su producción de alimentos. La agricultura tradicional no puede ser agricultura extensiva, no puede competir en ese terreno. Hay que producir alimentos de calidad, libres de químicos y transgénicos. Para salir de la pobreza, un pueblo debe dedicarse a resolver su alimentación. Si no lo tiene resuelto, no puede llegar a ser desarrollado”, sostiene Riquelme, que ha seguido autocapacitándose  en métodos de producción agroecológicos que no dañan al medio ambiente.
Su desastre fue con semillas híbridas, pero él también sabe que Monsanto produce además semillas transgénicas. Y destaca que el investigador francés Gilles Séralini ha hecho estudios que muestran lo que pasa con las semillas transgénicas que vende Monsanto: las ratas hembras alimentadas con maíz transgénico y Roundup  mueren un año antes que las alimentadas con maíz convencional. Afirma: “Si hay dudas en estos productos, deberían abstenerse de autorizarlos. El efecto tiene que ver tanto con la transgenia y los cambios de ADN que se producen en la planta, como con el herbicida Roundup. En los cultivos transgénicos los químicos siempre van de la mano con la semilla manipulada genéticamente, se vende el paquete completo”.
¿Cree que la justicia chilena puede actuar sin dejarse amedrentar por Monsanto?
- Tengo muchas dudas. En otros países es evidente el tremendo poder que tiene esta transnacional. Cuando se toman acciones en su contra, amenaza con retirar sus productos del mercado, como lo ha hecho en Argentina por el problema de los royalties, o en Brasil. En Estados Unidos logra hacer leyes que le favorecen directamente.

miércoles, mayo 15, 2013

Procesan a 8 ex miembros del Ejercito por asesinato de Augusto Carmona


Asesinato del periodista Augusto Carmona (1977): atisbos de justicia

A 35 años del asesinato de Augusto Carmona Acevedo, sus hijas Alejandra Carmona Cannobbio, y Eva María Carmona Sepúlveda, junto a la madre de Eva, la periodista Lucía Sepúlveda, y la abogada Alejandra Arriaza, dieron a conocer el auto de procesamiento de los oficiales y suboficiales de ejército y una mujer civil involucrados en el homicidio del periodista. Carmona fue acribillado por la espalda por esos agentes el 7 de diciembre de 1977, cuando ingresaba a su domicilio en Barcelona 2524, San Miguel. El Colegio de Periodistas de Chile se hará parte del juicio, anunció su presidente Marcelo Castillo Sibila.


La CNI difundió el asesinato del periodista como “muerte en enfrentamiento”, versión ampliamente difundida por los medios de la época, argumentando que resistió la detención a balazos en la puerta de su casa, que había sido ocupada por los esbirros horas antes de la llegada del periodista, al igual que el personal a bordo de unos 20 vehículos estacionados en el sector aledaño a la vivienda, según consta en el proceso.

El ministro de fuero Leopoldo Llanos encargó reos como autores del delito de lesa humanidad, al ex general de ejército Odlanier Mena Salinas, director de la Central Nacional de Informaciones CNI, junto a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; Enrique Sandoval Arancibia, ex mayor de ejército, y Luis Torres Méndez, ex coronel de ejército. También están encausados como autores los ex suboficiales de ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata, junto a Teresa Osorio Navarro, empleada civil de la Armada. Otros agentes involucrados en el asesinato ya fallecieron.

El ministro Leopoldo Llanos calificó el asesinato como delito de lesa humanidad porque según el derecho penal internacional fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida a una parte de la población civil, con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado.” Tras la investigación, concluyó que hay presunciones fundadas para encargar reos a los imputados y ordenar su detención por constituir un peligro para la sociedad.

Gotas de justicia
El proceso original lo instruyó la fiscalía militar, que en 1993 sobreseyó la causa aplicando la amnistía. Una nueva querella contra “Augusto Pinochet y quienes resultaran responsables”, entablada por la familia en 2003, activó una investigación del ministro de fuero Alejandro Solís, recientemente jubilado.

La encargatoria de reo es apenas el primer paso hacia una sentencia que marque el fin de la impunidad, dijo Lucía Sepúlveda. Ante la demora en la adopción de resoluciones judiciales la familia exigió que al menos en esta fase la justicia no dé lugar a artilugios legales de los reos.

“Valoramos que la investigación califique el crimen como de lesa humanidad e incluya al máximo responsable de la CNI, Odlanier Mena como autor del delito, junto a los miembros de la Brigada Azul, encargada de la represión al MIR”, manifestó la abogada Alejandra Arriaza.

Los agentes que declararon en el proceso aseguraron que desde el reemplazo a mediados de 1977 de la DINA por la CNI, la nueva policía secreta de Pinochet, todos los operativos de exterminio debían tener la autorización previa de Odlanier Mena que asumió como director. Mena, quien permaneció en el cargo hasta 1980, constituyó equipos operativos de su plena confianza y reorganizó los antiguos grupos Halcón de represión al MIR. Una de estas nuevas pandillas, la Brigada Azul, llevó a cabo la ejecución de Augusto Carmona, supervisada por Krassnoff y bajo el probable mando operativo de Provis.

Mediante la detención y tortura de tres militantes del MIR, dos de ellos también periodistas, en Villa Grimaldi la CNI obtuvo información que les permitió ubicar el domicilio de Carmona. Este asesinato fue el macabro debut de Mena, ex embajador de la dictadura en Uruguay, y el último operativo contra el MIR del que fue responsable Krassnoff, antes de su destinación a la Academia de Guerra.

Los hechos
El crimen, que ocurrió bajo estado de sitio y fue presentado como “enfrentamiento” por los medios de comunicación de acuerdo a la versión oficial, fue acogido por el informe Rettig (Comisión de Verdad y Reconciliación, 1991) sobre la base de los testimonios presentados. Ese relato de los vecinos ahora se convirtió en “verdad jurídica”.

Los testigos del vecindario reiteraron al tribunal que una veintena de vehículos rodeó la manzana. Los agentes de la policía secreta allanaron el domicilio de Augusto Carmona en Barcelona 2425, San Miguel, y la casa contigua, aproximadamente a las 20.30 horas, disparando desde el interior. Luego ordenaron a los vecinos irse a sus casas y permanecieron esperando al interior del inmueble. Cerca de medianoche dispararon una ráfaga de metralleta en el preciso instante en que Carmona intentaba abrir la puerta de su casa.

Los agentes lo ingresaron al interior de la casa arrastrándolo desde la acera. Compareció en el lugar el fiscal militar de turno, que ordenó un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones presentes en la escena del crimen. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola portada por Carmona estaba con seguro, por lo tanto era evidente que no hubo un enfrentamiento. Al sitio llegó más tarde el propio director de la CNI, en su vehículo, un Volvo del año, según declaró Juan Arancibia López, uno de sus choferes.

Perfil de los criminales
Odlanier Mena Salinas fue condenado en 2008 a 6 años por los secuestros de Óscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caso Caravana de la Muerte, episodio Arica, 1973) y obtuvo salida de fin de semana de viernes a domingo.

Miguel Krassnoff cumple condenas efectivas de cárcel por 103 años, sin beneficios hasta ahora. Al igual que Mena, permanece en el penal Cordillera, denominado “siete estrellas” por las comodidades de que disponen. Encabezó la represión al MIR, utilizando tortura, desaparición forzada y técnicas de guerra sicológica.

Enrique Sandoval Arancibia fue condenado a 10 años y 1 día como autor de la muerte de Luis Pantaleón Pincheira Llanos, Jaime Alfonso Cuevas Cuevas, Luis Nelson Araneda Loayza, todos ellos militantes del MIR, y Juan Ramón Soto Cerda, socialista en Las Vizcachas (1981), y hasta entonces cumplía en libertad la pena de 5 años por el crimen del niño Carlos Fariña Oyarce, de 13 años.

Manuel Provis Carrasco fue condenado a 5 años y un día por los delitos de asociación ilícita, secuestro y posterior homicidio en Uruguay (1995) del químico Eugenio Berríos, ex agente de la dictadura de Augusto Pinochet. También tiene dos condenas a firme que suman 8 años por el asesinato del mayor Gerardo Huber (1992), sin embargo, hasta el mes pasado permanecía en libertad. Fue jefe del disuelto Batallón de Inteligencia del Ejército.

José Fuentes Torres, “El cara de santo” o “Marco Cruzat” cumplía en libertad condena a tres años como autor del secuestro de Mireya Pérez Vargas, y está procesado por su participación en la Operación Colombo (caso de Los 119 desaparecidos).

Luis René Torres Méndez alias “Negro Mario”, estaba en libertad condicional, procesado por su participación en secuestros en la Operación Colombo, Operación Cóndor y las detenciones de calle Conferencia.

Teresa Osorio Navarro, “Chica Tere”, está procesada por Operación Colombo y por calle Conferencia. Libre al momento del procesamiento.

Basclay Zapata Reyes, “El Troglo”, cumple condena en Punta Peuco por once secuestros y el homicidio de Lumi Videla. Procesado por Operación Colombo.

¿Quien fue Augusto Carmona?: un periodista de trinchera
El periodista Augusto Carmona Acevedo, “El Pelao”, para sus amigos y colegas, “Oslo” para sus compañeros del MIR,  fue acribillado por la espalda  por efectivos de la Central Nacional de Inteligencia en 1977, cuando tenía  38 años, y dos hijas, de entonces 3 y 12 años.  Pero sus seis nietos jamás pudieron conocerlo. La trampa mortal se activó cuando Carmona intentaba ingresar a su casa en el barrio santiaguino de San Miguel, en Santiago de Chile,  al atardecer del 7 de diciembre, con el país en dictadura y estado de sitio. Hoy tendría 74 años. 

Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, en 1973, Carmona había sido elegido jefe de prensa del entonces Canal 9 de TV de la Universidad de Chile, ocupado por sus trabajadores.  Fue  redactor político del noticiero “NueveDiario” durante diez años. Escribía  asimismo en la revista Punto Final y reporteó para ambos medios noticias como la muerte del Ché Guevara en Bolivia, y las luchas obreras y campesinas en Chile, además de cubrir las noticias del Congreso chileno. El año 1973 fue además jefe de prensa de la emisora del MIR, Radio Nacional.  Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con su pueblo, como Augusto Olivares y José Carrasco Tapia, con quienes tuvo gran cercanía.

Luego del golpe militar, dejó atrás el periodismo tradicional para abrazar los riesgos de la lucha de resistencia, pese a que había sido sometido a una compleja operación al corazón.  Era miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, y de su dirección máxima en Chile. Por sus amplios contactos y su carácter amistoso, y no sectario, era el responsable de las conversaciones del MIR con dirigentes de la izquierda y la democracia cristiana orientadas a crear un frente de resistencia antidictatorial.

Periodismo en la clandestinidad
El profesional contribuyó decisivamente a la creación de una red de comunicaciones,  integrada por periodistas hombres y mujeres,  que recogían testimonios de familiares de presos,  torturados y desaparecidos cuando imperaba la censura absoluta. Los boletines se enviaban clandestinamente al “Correo de la Resistencia”, en México y las denuncias alimentaban igualmente a El Rebelde, el periódico del MIR. La mayoría de los periodistas de reconocida militancia de izquierda estaban en campos de concentración, habían sido asesinados, estaban cesantes o se habían exiliado. No existía prensa de oposición y todos los periódicos de izquierda habían sido clausurados.

La forzosa quietud de la clandestinidad había permitido al “Pelao” asumir junto a su pareja, la también periodista Lucía Sepúlveda, el cuidado y crianza de su hija Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención. Sus amigos lo describían como “cebollero”, amigo del tango, los boleros y la bohemia. Para el padre, la ausencia de su hija mayor, Alejandra, exiliada en Alemania con su madre, era muy dolorosa.

Egresado del  Instituto Nacional, junto a amigos  de la promoción 1957 como Antonio Skármeta, Grinor Rojo,  Douglas Hübner, Manuel Silva, y  Raúl Sotomayor, entre otros, el Pelao Carmona egresó de periodismo y bibliotecología en la Universidad de Chile. Luego de ser elegido jefe de la toma de Canal 9, escribió en la revista  Punto Final: “La derecha odia a Canal 9 porque damos preferencia a las noticias y posiciones de los diversos sectores del pueblo, atacamos sin clemencia al imperialismo y usamos un lenguaje duro contra la reacción...”

Sus padres, del barrio Las Rejas de la capital, fallecieron tempranamente, destrozados por el asesinato del hijo a quien la prensa de la dictadura llamó “terrorista”.

Lucía Sepúlveda Ruiz



¿Quien fue Augusto Carmona?: un periodista de trinchera


El periodista Augusto Carmona Acevedo, “El Pelao”, para sus amigos y colegas, “Oslo” para sus compañeros del MIR,  fue acribillado por la espalda  por efectivos de la Central Nacional de Inteligencia en 1977, cuando tenía  38 años, y dos hijas, de entonces 3 y 12 años.  Pero sus seis nietos jamás pudieron conocerlo. La trampa mortal se activó cuando Carmona intentaba ingresar a su casa en el barrio santiaguino de San Miguel, en Santiago de Chile,  al atardecer del 7 de diciembre, con el país en dictadura y estado de sitio. Hoy tendría 74 años. 

Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, en 1973, Carmona había sido elegido jefe de prensa del entonces Canal 9 de TV de la Universidad de Chile, ocupado por sus trabajadores.  Fue  redactor político del noticiero “NueveDiario” durante diez años. Escribía  asimismo en la revista Punto Final y reporteó para ambos medios noticias como la muerte del Ché Guevara en Bolivia, y las luchas obreras y campesinas en Chile, además de cubrir las noticias del Congreso chileno. El año 1973 fue además jefe de prensa de la emisora del MIR, Radio Nacional.  Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con su pueblo, como Augusto Olivares y José Carrasco Tapia, con quienes tuvo gran cercanía.

Luego del golpe militar, dejó atrás el periodismo tradicional para abrazar los riesgos de la lucha de resistencia, pese a que había sido sometido a una compleja operación al corazón.  Era miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, y de su dirección máxima en Chile. Por sus amplios contactos y su carácter amistoso, y no sectario, era el responsable de las conversaciones del MIR con dirigentes de la izquierda y la democracia cristiana orientadas a crear un frente de resistencia antidictatorial.


Periodismo en la clandestinidad
El profesional contribuyó decisivamente a la creación de una red de comunicaciones,  integrada por periodistas hombres y mujeres,  que recogían testimonios de familiares de presos,  torturados y desaparecidos cuando imperaba la censura absoluta. Los boletines se enviaban clandestinamente al “Correo de la Resistencia”, en México y las denuncias alimentaban igualmente a El Rebelde, el periódico del MIR. La mayoría de los periodistas de reconocida militancia de izquierda estaban en campos de concentración, habían sido asesinados, estaban cesantes o se habían exiliado. No existía prensa de oposición y todos los periódicos de izquierda habían sido clausurados.

La forzosa quietud de la clandestinidad había permitido al “Pelao” asumir junto a su pareja, la también periodista Lucía Sepúlveda, el cuidado y crianza de su hija Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención. Sus amigos lo describían como “cebollero”, amigo del tango, los boleros y la bohemia. Para el padre, la ausencia de su hija mayor, Alejandra, exiliada en Alemania con su madre, era muy dolorosa.

Egresado del  Instituto Nacional, junto a amigos  de la promoción 1957 como Antonio Skármeta, Grinor Rojo,  Douglas Hübner, Manuel Silva, y  Raúl Sotomayor, entre otros, el Pelao Carmona egresó de periodismo y bibliotecología en la Universidad de Chile. Luego de ser elegido jefe de la toma de Canal 9, escribió en la revista  Punto Final: “La derecha odia a Canal 9 porque damos preferencia a las noticias y posiciones de los diversos sectores del pueblo, atacamos sin clemencia al imperialismo y usamos un lenguaje duro contra la reacción...”

Sus padres, del barrio Las Rejas de la capital, fallecieron tempranamente, destrozados por el asesinato del hijo a quien la prensa de la dictadura llamó “terrorista”.

Lucía Sepúlveda Ruiz

domingo, mayo 12, 2013

Campesino enfrenta al gigante Monsanto


José Riquelme, el demandante.
Rubén Albornoz,  de Seminis. Melón Braco a la derecha.

Por Lucía Sepúlveda Ruiz (en Punto Final Nº 780)
La Corte de Apelaciones de Chillán deberá fallar próximamente  la causa del agricultor orgánico José Riquelme Vásquez contra la transnacional Monsanto Chile, que arruinó al productor vendiéndole semilla de melón “mejorado”  que no correspondía a la variedad comprada. La demanda fue interpuesta en 2009 contra  la transnacional semillera y la firma comercial Mahuida Ñuble,  distribuidora de semillas Seminis/Monsanto.



En octubre de 2004, José Riquelme pagó tres millones de pesos por 50.000 semillas de la variedad híbrida de melón Braco en esa distribuidora, pero recibió –sin saberlo- semillas de otras variedades de melón. José Riquelme cosechó melones que no cumplían los requisitos necesarios para su exportación a Francia por ser más blandos y de poca durabilidad. Monsanto/Seminis asegura en www.seminis.com que sus  híbridos “ofrecen mayor rendimiento, mejor calidad, uniformidad, sabor y nutrición…”
Argucias y fantasmas legales
En enero de 2013 la jueza Claudia Arenas, del segundo Juzgado de Letras de  Chillán, falló la  causa rol C-148-2009 a favor de Monsanto, salvando a la transnacional de indemnizar por el daño “por improcedencia de la acción de la manera que se planteó”, según dice la sentencia. Reconoció, sin embargo,  que el productor tenía razones para litigar, eximiéndolo del pago de las costas. Curiosamente Mahuida Ñuble, representada por Rodrigo Quezada Valdebenito, se convirtió en fantasma: Quezada nunca compareció en el juicio y la sentencia puntualiza que “la causa se tramitó en rebeldía de la demandada Sociedad Comercial Insumos y Productos Agropecuarios Mahuida Ltda”.  Monsanto, que en enero de 2005 compró Semillas Seminis, sostuvo en la corte que no es parte del contrato firmado por Riquelme con esa distribuidora de su semilla, y desconoció todo vínculo con Mahuida. Monsanto Chile es la continuadora legal – rut incluido- de la empresa Semillas Seminis. Desde 2005, Monsanto/Seminis sacó de su catálogo la variedad Braco, reconociendo implícitamente que el híbrido que patentó, no era homogéneo y estable, requisitos  imprescindibles para registrar (patentar) una variedad y así poder cobrar por ella la millonaria suma.
La transnacional Monsanto tiene fama por arruinar a pequeños agricultores, llevándolos a juicio por producir sin pagarle royalties por sus semillas transgénicas. Es el ladrón detrás del juez, ya que sus cultivos han contaminado los cultivos convencionales, convirtiéndolos en transgénicos. Hasta el año 2007, había entablado demandas por no pago de patentes contra 57 agricultores  por un monto total de US$21.583,431, según datos del Center for Food Safety de Estados Unidos. Los monocultivos que promueve, con uso intensivo de plaguicidas venenosos como el Roundup, contaminan la tierra y el agua, causan malformaciones congénitas y enfermedades crónicas a las familias que viven cerca de las plantaciones, y terminan expulsando a los campesinos de sus territorios. En 2012 el Tribunal de los Pueblos que sesionó en India, enjuició y condenó a Monsanto por violaciones a los derechos humanos de los campesinos y campesinas. Sin embargo la corporación, que controla el mercado global de semillas híbridas y transgénicas, se ha jactado este año de alcanzar las mayores ganancias de su historia.

Alerta a los campesinos
El agricultor chillanejo José Riquelme expresó a PF: “Yo demandé  a Monsanto pensando en todos los agricultores. Lo que ocurre hoy es que los campesinos hemos perdido nuestras semillas originales y estamos obligados a comprarle a Monsanto (Seminis). Yo sé que si  siembro melón Cantalupo, que es una variedad de acá, nuestra, voy a cosechar melón cantalupo. En cambio si siembro un híbrido de Monsanto, no sé si la variedad va a ser la que dice el envase. La empresa no se responsabiliza por los resultados de las semillas que vende como certificadas”.
La dura experiencia vivida hace concluir a Riquelme: “Lo mejor sería que el campesino tuviera y reprodujera su propia semilla. Así se gastaría menos y tendría mejor salud, no dependeríamos de las empresas ni de los fármacos. Para tener buena salud hay que tener sobre todo una alimentación sana. Necesitamos un gobierno que apoye una agricultura libre de químicos y transgénicos. “
José Riquelme (52 años) es casado, y tiene una hija de nueve años. Es el tercero de diez hermanos, y su padre era hortalicero. En la familia sembraban cebolla, maíz y remolacha. Se convirtió a la agricultura orgánica en los años 90, después de ser hospitalizado por intoxicación con el insecticida clorpirifos, que aplicaba a sus cultivos. Se capacitó en producción agroecológica y participó en diversas giras tecnológicas a  Holanda, Alemania y Cuba. El año 2004  vivió la experiencia de   la Feria Orgánica de Tokio, BioFach y su futuro como exportador de productos sanos, parecía asegurado.
DICOM y un padre arruinado
Con su  hija Florencia recién nacida, después de la fallida cosecha José Riquelme se vio de pronto en el  registro de DICOM, con cheques protestados, e incapacitado de continuar trabajando como productor agrícola. Por eso en la demanda solicita indemnizaciones por daño emergente, lucro cesante y daño moral, por un total de $170 millones de pesos.
En años anteriores el agricultor  había exportado cebolla  y zapallo orgánicos. Se había comprometido a exportar 12 mil cajas de melones verdes Braco (piel de sapo) a Alroprim, una sociedad comercial de Perpignan, Francia. Pronto vio que la mayoría de los melones no eran Braco. En marzo de 2005 Rubén Albornoz, gerente comercial regional de Seminis, y José Miguel González, genetista de esa empresa, visitaron la plantación ubicada en Las Coles, cerca de Chillán, a pedido de Riquelme, constatando lo ocurrido. El agricultor presentó como prueba al tribunal, el “acuerdo y finiquito” por 15 mil dólares presentado por Albornoz luego de la visita, que no fue firmado por el afectado por insuficiente. Seminis reconoció la oferta en un juicio criminal previo que se hizo en 2007 sólo para probar los hechos.
Además del gasto en las semillas, Riquelme había invertido en arriendo del predio y de un packing; en riego por goteo, mulch, guano rojo, control biológico de malezas y mano de obra. Un informe técnico cifra las pérdidas en 70 millones de pesos con 98% de falla de la variedad Braco. La empresa francesa le había notificado que la pérdida ocasionada por el no envío de los melones alcanzaba a 120 mil euros.
Lecciones aprendidas
“Chile debería ser orgánico 100%, y sacaría los mejores precios por su producción de alimentos. La agricultura tradicional no puede ser agricultura extensiva, no puede competir en ese terreno. Hay que producir alimentos de calidad, libres de químicos y transgénicos.  Para salir de la pobreza, un pueblo debe dedicarse a resolver su alimentación. Si no lo tiene resuelto, no puede llegar a ser desarrollado”, sostiene Riquelme, que ha seguido autocapacitándose  en métodos de producción agroecológicos que no dañan al medio ambiente.
Su desastre fue con semillas híbridas, pero él sabe que Monsanto vende además semillas transgénicas. Y destaca que el investigador francés Gilles Séralini ha hecho estudios que muestran lo que pasa con las semillas transgénicas que vende Monsanto: las ratas hembras alimentadas con maíz transgénico y Roundup  mueren un año antes que las alimentadas con maíz convencional. Afirma: “Si hay dudas en estos productos, deberían abstenerse de autorizarlos. El efecto tiene que ver tanto con la transgenia y los cambios de ADN que se producen en la planta, como con el herbicida Roundup. En los cultivos transgénicos los químicos siempre están de la mano con ellos, se vende el paquete completo”.
Monsanto y el control de nuestros alimentos
El negocio de Monsanto es redondo. La transnacional con base en St. Louis, Missouri, Estados Unidos, es la compañía semillera más grande del mundo, y la cuarta en la venta de plaguicidas indispensables para cultivar sus semillas híbridas y transgénicas. El último informe de sus ganancias publicado en el Wall Street Journal revela que sus ventas de semillas subieron el último trimestre de 2012 en un 14%, alcanzando a 1.76 billones de dólares, luego de  triplicar las ventas de maíz transgénico en América Latina y Estados Unidos.  Entre 1996 y 2007, Monsanto compró más de una docena de  compañías semilleras más pequeñas, entre ellas Seminis, uno de los más grandes distribuidores de semillas. A su vez Seminis había estado adquiriendo compañías semilleras desde mediados de los 90s.
La industria semillera estaba ligada a las universidades y entidades de investigación de los gobiernos. Pero ahora es patrimonio de los grandes “obtentores” entre los cuales también figuran Dupont/Pioneer y Syngenta, entre otros. En laboratorios, las transnacionales desarrollan nuevas variedades de semillas híbridas (“mejoradas”) y transgénicas (manipuladas genéticamente) para luego patentarlas y cobrar por esa semilla un valor que puede ser hasta mil por ciento mayor al de la semilla original.  
Monsanto promovió el golpe en Paraguay, y está invadiendo suelo  africano con semillas transgénicas.  Con su dinero compra legisladores y gobiernos al tiempo que logra se dicten nuevas normas y leyes en Estados Unidos y el mundo para incrementar su poder. Financia en Estados Unidos la campaña para impedir el etiquetado de los alimentos transgénicos impulsado en los estados de California y Hawai, entre otros.
En México, Brasil, Costa Rica, Argentina, Paraguay y Chile, organizaciones campesinas, ambientales y de consumidores desarrollan  creciente resistencia al avance de Monsanto y una decidida defensa de la semilla nativa y la producción agroecológica.